domingo, 16 de abril de 2017

Despertar






Despertó entre sudores, aún dolorido tras el sometimiento de su amada, la excitación le acompañó el resto de la noche, más cuando al mirar a su izquierda ella dormía desnuda a su lado. Incorporándose se arrodilló detrás, la dureza que apenas le permitiera conciliar el sueño apuntaba ahora al culo de su querida niña, que sin embargo descansaba en calma. No tardó en levantárselo y abrirla con los pulgares, con uno dentro recuperó el bote de crema que antes había usado ella para someterlo, hundió el otro y lo pasó por su ano hasta empaparlo al tiempo que ella, ya despierta, levantaba las nalgas empopando su cuerpo y hundiendo la espalda para facilitar la maniobra. No dijo nada, se mostró dispuesta, feliz de que el Amo quisiera poseer lo que le pertenecía, solo agarró con fuerza la almohada sabedora de cómo era cada embestida cuando la tomaba de esa forma. Notó su brutalidad al entrar, la violencia de sus primeros envites, su agitación al hacerlo, amaba el sexo del hombre al que se había entregado y conocía cómo le gustaba follarla al despertar. Inclinó un poco más la espalda, bajando cuello, cerviz y cabeza al mismo tiempo que se valía del cabecero para empujarse y empujarla más dentro. Él se mantuvo arrodillado, las manos en sus caderas y la polla dentro, tan dentro como ella deseaba y la crema le facilitaba en el camino. Empalmado, reventado en sudores, húmedo y muy excitado, comenzó a moverla ahondando más en el poto de la hembra; ella acompasó sus gemidos con cada empujón, ya sin la violencia inicial pero tan profundos y duros que se arrebató sorprendida cuando él la sacó exigiéndole se volteara. Aún arrodillado, sus manos le atraparon las piernas al extremo de cabalgarlas sobre hombros mientras un puño le atravesó el ano. Dolía, ahogó un grito al sentirlo no siendo capaz de reprimir el segundo al notarlo girar dentro; se sabía invadida, violentada, sodomizada al extremo, terriblemente mojada y muerta de deseo por correrse. No lo hizo, jamás se atrevería a hacerlo sin su permiso y el estaba muy lejos aún de concedérselo. El puño la atravesó con mayor fuerza de lo que solo un momento antes había hecho su polla, la dilatación era tal que le pareció el Amo la penetrara de mano hasta la muñeca, ya no dolía pero entre crema y humedades a cada uno de sus movimientos notaba como si algo se rompiera de una forma salvaje por dentro. Le ordenó apretarse de nalgas y haciéndolo ella se orinó encima entre la sonrisa satisfecha del Dueño; siguió apretando hasta que en un movimiento seco sacó él chorreando el puño y se lo mostró complacido. Reposó las piernas sobre el lecho cerrando los ojos, todavía mareada le escuchó moverse sintiendo en la entrepierna el leve roce de los labios que cada noche ella adoraba. Labios, boca, dientes y lengua la tomaron entonces despacio, sin prisa ni urgencias, quiso pedirle la limpiara evitando en su boca el agrio sabor de orines, flujos y crema cuando un brutal orgasmo le asaltó llegando desde la espalda. Él ni se inmutó atreviéndose ella a posarse de manos sobre su cabeza empujándole la boca entre el cáliz abierto y sudoroso. Entregada, volvió a correrse ya liberada sintiendo, ya él de pie y desnudo a su lado, como una de sus manos le acariciaba sin prisa cuello, pómulos, mejillas y pelo.



miércoles, 12 de abril de 2017

Sumiso








Rictus serio, tal pareciera triste, casi ausente, tensa la musculatura, rígido el semblante y cansado el cuerpo. Casi no podía concentrarse mientras conducía de regreso a casa, el día, la semana, había sido demasiado largo. El trabajo le había mantenido en tensión tantas horas que apenas recordaba ya cuando había sido el último día en que, liberada la mente, su cuerpo se había relajado al lado del de su amada. Ella le esperaba como cada día, medio desnuda en el lecho, perfumada y dispuesta para su Amo.

Aparcó en el garaje adosado a la vivienda y aún permaneció en el coche durante un tiempo. No sabría bien cuánto, pero lo cierto es que aquello no hizo más que aumentar su angustia. Siempre era así, la jodida rutina y la falta de tiempo obraban un extraño efecto en él, su apetito no se apagaba -nunca lo hacía-, pero el lado sumiso del switch que llevaba dentro se conjuraba para aparecer y machacarle la cabeza. Entró en casa notando como el olor de su hembra lo invadía todo, le gustaba, amaba la sensación de saberla a la espera y, oliendo, sabía ella se había paseado por cada estancia de los dos pisos del caserón realizando semidesnuda todas las tareas.

"Buenas noches Señor". Apenas pudo esbozar una sonrisa, solo una mueca, al verla recostada en la cama. Era preciosa, había elegido su ropa interior más delicada, las piernas semiabiertas, el pelo sobre el pecho, medias, las braguitas en el suelo, velas encendidas en la mesilla, música suave. Todo perfectamente dispuesto como cada noche. No le contestó, desnudándose al tiempo que se dirigía al baño; necesitaba una ducha, quería alejar cualquier recuerdo de las últimas 24 horas, como si el agua caliente borrara las tensiones, los nervios, las prisas de otro día más de locos. Ella se ofreció a bañarle como hacía cada noche a su regreso, sin obtener respuesta.

Conocía a su Dueño casi a la perfección y sabía no debía insistir, se mantuvo callada, esperando, notaba la humedad que su sola presencia siempre provocaba entre sus piernas. Perlado su pecho en sudores, intentó disimular su impaciencia, le escuchó en el baño, el agua caer, suspiros largos, prolongados. Conocía su ritual ante el espejo y más aún bajo la ducha, por lo que nada dijo, sólo espero. El Amo salió del baño desnudo, aún húmedo el cuerpo, la toalla entre sus manos no podía disimular su erección; tenía los ojos tristes, cansados. Se detuvo a observarlo, su cuerpo siempre contradecía la edad labrada en vida y experiencias, su cabeza limpia, labios finos, húmedos; atléticos brazos, delicadas las manos, poderosas y entrenadas piernas, pecho y sexo depilados al detalle. "¿Estás bien, mi Señor?". De nuevo no obtuvo respuesta.

Ni la miró antes de sentarse desnudo en el sofá en el que tantas veces la había tomado. "¿Me permites acercarme Amo?". Nada, sólo abrió las piernas terminando de secarse el sexo. No esperó, se incorporó retirándose la escasa ropa interior que aún conservaba. Sin mediar más palabra, se acercó al sofá arrodillándose. Le acarició con suavidad casi temerosa, él la miro invitándole a continuar. Postrada fijó los ojos en los suyos sirviéndose de una de sus manos para reavivar su erección. No dijo nada, recostado su cuerpo se ofreció, notando la humedad de su lengua entre sus piernas. El tímido masaje inicial de entre sus manos pasó a acelerada convulsión entre los labios. Mojados, ella llevó la polla de su hombre a la boca; lenta, muy lentamente la retuvo sin apartar los ojos de su mirada aún ausente. Chupó, saboreó, notó sus pequeños iniciales espasmos acelerando el ritmo y tomando el control. Conocía sus reacciones, el primer empujón de su cadera anticipó el deseo de correrse. No se lo permitió, sin apartar la mirada se incorporó cogiendo sus manos e invitándole a levantarse. Obediente, extrañamente sumiso se dejó llevar hasta recostar el pecho sobre la cama. Nada dijo, solo estiró las manos aferrándose a los brazos del cabecero. Goteando, notó humedecerse las sábanas bajo el cuerpo al tiempo que la escuchó abrir uno de los cajones de la mesilla. Sudaba, excitado sintió el calor de su lengua adherirse entre sus nalgas; ella mordió con fuerza apretando los dientes hasta que un gemido de doloroso placer le indicó el siguiente paso. Colocó el vibrador que hace solo un instante había lubricado a las puertas del ano mojado, empujando poco a poco al tiempo que con la otra mano le abría más las piernas. No ofreció resistencia, dominado, sediento notó los labios secos y el deseo recorrer su espalda. Ella lo empujó dentro y su humedad hizo el resto. Lo movió activando la vibración hasta que un nuevo escalofrío nervioso comenzó a reventarle a él por dentro. Casi sin darle tiempo, lo sacó para volverlo a meter remozada la lubricación y de forma tan violenta como sus frágiles manos le permitieron. Él siguio callado y apretó fuertemente las manos en el cabecero. Lo notó dentro, rompiéndole cerró las nalgas a su redor, húmedo, brutalmente empalmado, tan mojado que sabía no aguantaría mucho más sin correrse; sin dejar de moverlo volvió a morderle con fuerza notando cada arrebatado empujón de sus caderas. Sabía que ya no podría aguantar mucho más y retiró el vibrador para que su lengua lo completara. Un espasmo y un grito ahogado adelantaron sin remisión su entrega, se corrió vaciándose casi al completo marcando las sábanas con un semen denso que inundó el lecho. Lejos de aflojar, sus manos apretaron en el segundo de los orgasmos cediendo sin embargo al tercero una vez relajadas piernas, espalda, culo y caderas.

Ella se incorporó y observó su rostro dibujar una sonrisa. Un beso en la mejilla le invitó al descanso, una amorosa cobija protegió su cuerpo todavía entre temblores mientras ella velaba su sueño.

Dormía.








viernes, 24 de marzo de 2017

Todo






“¿Imaginas cómo es el tiempo que transcurre lejos del ser amado? ¿En el que no se puede oír su voz, en el que no se puede gozar de su mirada? ¿No es pedir a un hombre que exista separado de su alma?"

Donatien Alphonse François de Sade (Marqués de Sade)



Tres frases simples y al tiempo tan complicadas, resumen de todo...



lunes, 20 de marzo de 2017

Cuando te ríes...







Tu risa me devuelve pasiones perdidas. Alborota, reta, me fascina. Tu risa es cascabel y canto, preludio, allegro y sonata al tiempo. Estímulo y luz; nerviosa y frágil, cabriola, escorzo imposible; pícara, díscola y rebelde, traviesa. Tu risa es cascada y torrente; mar en tempestad y descanso; tu risa es senda por recorrer, ancho sendero y camino andado; es descaro, deseo; luz y guía, estrella en mis días y faro al caer la noche. Tu risa es credo, rezo, oración y fe; es seguridad, confianza y promesa. Tu risa es amor cuando la sueño, pasión sin límite, entrega e intensidad devota. Tu risa es capricho robado y furtivo deseo. Tu risa es albur de ilusiones y límite insatisfecho, es destino; es derroche, torbellino y encendidas calinas; vehemencia entre sofocos y enardecidos rubores; es anhelo, voluntad, mi apetito de ti y el hambre saciada. Tu risa es reproche, disgusto en su falta y verdad ausente. Es impúdica, lasciva, sensual, erótica y cálida; tu risa es la verdad desnuda y abrigo en tus ilusiones; es instante, momento y recuerdo. Tu risa es el beso al llegar y el abrazo en la despedida; es el mensaje de buenas noches y el buenos días cada mañana; es el ruidoso entusiasmo y el más cómplice de los silencios...

Cuando te ríes tu risa me devuelve pasiones perdidas...




sábado, 18 de marzo de 2017

Te llamo amor






Amo cuando te siento, cuando te pienso y sin decírtelo acudes; amo cuando tu cuerpo se viste del mío, cada momento, cada instante, amo cada segundo que en ti me alimento y aquellos en los que sólo puedo soñarte; amo tu cuerpo, cada palabra y cada coma; amo dibujarte y trazar líneas de piel entre el sudor al tomarte; amo quererte y al amarte reiventarme; amo tu olor, cada caricia, cada beso robado y los que sin reclamar me ofreces.

Amo cuando tu desnudez me recoge y cuando al caer la noche duermes a mi abrigo; amo mirarte cuando lo haces y despertar invadiendo tu sexo; amo el torrente caudal al vaciarte y el que tu boca recibe comulgando conmigo; amo tus gestos, cada roce, cada grito ahogado al penetrarte; amo tus ojos, tus labios; amo tu cuello y el despertar de tus pechos; amo tus delicadas cumbres y cuando rabiosas desafiantes me apuntan; amo tus manos, el devenir de tus caderas y el regalo entre tus piernas; amo el abismo en ti y el reposo al someterlo; amo tu espalda y el desafío cuando de nalgas te ofreces; amo tu entrega sin límites y la pasíón que permanece.

Sin Ti nada tiene ya sentido.




jueves, 16 de marzo de 2017

Néctar








Tensó las cuerdas con las que apenas unos minutos antes la había atado, abrió las ventanas permitiendo que la suave brisa del cercano mar les acompañara, cerró la puerta entreabierta con miedo de que su momento pudiera llegar a escaparse. Desnuda, desnudo, su ropa interior yacía empapada en el suelo de la estancia, la música que cuidadosamente había seleccionado antes de su llegada resonaba suavemente cuando un escalofrío recorrió su espalda. Admiraba el bellísimo cuerpo de su amada, sus intensos ojos, su piel blanca castigada por el sol y ahora atenazada en la presión del correaje al que ella había accedido; sin dejar de  temblar retiró las "bolas" de entre sus piernas, mojadas se las dio a probar antes de llevarlas también a su boca, su sexo, deseoso y endurecido como ya no recordaba, entorpecía cada movimiento; la escuchó gemir, rogar porque la tomara con urgencia pero esa noche él tenía por fin todo el control. Torpemente, tanto como temblor y nervios le obligaban, comprobó el tupido velo que ahora cubría sus ojos, avanzó hacia ella e introdujo dos de sus dedos en el océano embravecido de su hembra, los olió y saboreó antes de abrir con ellos levemente sus labios, ella los chupó casi instintivamente, rápida, ansiosa, su pecho se agitó a la espera de lo que sabía seguiría a aquellos dedos. Aún de pie, se acercó aún más a ella, agachándose para besarla antes de susurrarle al oído lo mucho que la deseaba; el anillo que ella misma le había colocado en la base del pene engrandecía casi groseramente su excitación. Lenta, muy lentamente se la introdujo penetrándole la boca siendo sus labios ya humedecidos los que empezaron a masturbarle al ritmo que él deseaba. Retiró la venda de su hermosa mirada y clavó sus ojos en ella. Brillaba con el mismo brillo que pudo percibir cuando le había regalado su primera imagen, con la misma belleza salvaje que reconoció en cada una de las fotografías que acompañaban su ausencia cada noche. Esta no era una noche más, ni la primera en la que su sudor se mezclaba en áromas de sándalo, vainilla, piel salada y sexo; no la primera en que su boca le hablaba de placeres prohibidos, ni era aquella la primera en que sus olores se travestían. Su cuerpo se vestía del suyo en la comunión tantas veces imaginada antes de la primera vez, y desde entonces soñada en cada lejano instante. Se retiró sin dejar de mirarla liberando sus manos para que éstas le guiaran a la entrada de su sexo, sus labios apenas la rozaron y un primer espasmo la sacudió siguiendo el primero de los suyos. No quería correrse, no aún, pero notaba que la llamada era ya demasiado intensa como para no hacerlo dentro. Se incorporó, respiró, abrió sus piernas brindándose ella en su humedad al total sometimiento; violentamente la penetró, empujando sus adentros con la rabia del que sabe está a punto de vaciarse; la oyó gemir, agitarse, notó su sexo tan empapado como endurecido y a punto de reventar el suyo, se frenó alargando el orgasmo mientras mordía los pezones de su hembra; en esa posición continuó empujando, empujando, penetrando como si aquella fuera la última vez. En un instante, un grito de ella, un gemido, un brutal espasmo naciendo en la cerviz y asaltando su espalda; un latigazo, un segundo, uno tercero más intenso si cabe la inundó a ella por dentro; néctar espeso, denso y potente quemándola; el cuarto le sacudió sin tregua nublando lo poco que aún acertaba a discernir; cerró los ojos y sacándola el quinto lo dirigió a su pecho, cubriendo el sexto por entero pecho y cuello hasta alcanzar, llenar y someter la boca de su amada.


(Sueño de amor infinito, aquel que se trasluce en días de ausencia, deseo y excitación, aquel sueño en el que estás tan presente como presente es cada noche el dolor de no tenerte)




miércoles, 15 de marzo de 2017

miércoles, 8 de marzo de 2017

Desobediente









Entre el placer y el dolor de lo prohibido. Se sabía desobediente pero algo en su interior la provocaba y desconcertaba al tiempo. Salió de la ducha, se detuvo ante el espejo y admiró su cuerpo tal y como él le había enseñado. Sabía que su Maestro lo adoraba y su esfuerzo era cada día entrenarlo para su único disfrute. Generoso pecho, pezón abundante, acogedoras caderas, sexo grande y perfectamente depilado a su antojo, él le había enseñado a sentirse cómoda en su desnudez. Aún recordaba los complejos y miedos que a su lado había aprendido a superar y los numerosos y justos castigos en prenda al Señor en el aprendizaje. Ella era ya justo lo que él reclamaba y esa sensación terminó por seducirla y convencerla de su íntima belleza.

Extrañaba su presencia, el último de sus viajes se había prolongado más de lo esperado. Llevaba días intranquila y su última conversación, aquella misma mañana, la había dejado muy caliente aunque no se atrevió a pedirle permiso. Recién duchada y perfumada como si él fuera a aparecer por la puerta de su estancia, caminó desnuda, le gustaba la sensación de libertad que le proporcionaba; intentó distraerse con una revista y algo de música, pero acabó sentándose ante la pantalla del ordenador y, sin saber bien cómo, acabó en el blog en el que su Dueño relataba cada una de las sesiones a su lado. Leyó cada texto, recordó cada momento, cada imagen, se vio en cada palabra, cada coma, cada gesto descrito por el Amo. Seguía desnuda, sólo una leve tela le cubría el ombligo, el frío de la noche se colaba por la ventana aunque apenas lo percibía. Cada nueva entrada la humedecía al tiempo que casi inconscientemente abría y cerraba el coño, lo imaginaba descansando, tumbado desnudo en la cama, recordó el sabor de su sexo, lo intenso de cada abrazo, la ternura en sus caricias, el calor de sus palabras.

Entró en su carpeta de archivos y admiró el cuerpo que tantas veces había besado, tantas deseado, tantas arropado con el suyo en noches de confiada entrega. Rotuló con sus dedos cada pliegue, cada tramo de piel, dibujó el perfil de sus labios mojando los suyos. Palpitaba el sexo, deseo urgente, los pezones le dolían reclamando alivio, cerró los ojos intentando apartar sus ganas; la humedad la invadía, desbordaba, deslizándose entre sus piernas y alcanzando las nalgas. Quería apartarse de la pantalla pero las ganas de vaciarse se lo impedían, retiró la mesa, en su ordenador se desplegaba la imagen del sexo de su Amo aún mojado después de tomarla por última vez, recordó el momento en que ella misma había hecho esa foto, y más aun aquel en el que se había corrido dentro y los orgasmos que en ella siguieron. Intentó asentarse de nuevo en la pequeña silla auxiliar a su mesa portátil y lo único que consiguió fue abrir las piernas ofreciendo su coño, abierto, empapado. El olor invadía la habitación aumentando el deseo. Sin saber cómo se sorprendió magreando sus empitonados pezones mientras la otra mano viajó al borde de su sexo. La respiración le fallaba, un último golpe de su realidad transgresora la asaltó antes de introducir tres de sus dedos brutal, casi frenéticamente. Sus ganas de orinar no hacían más que multiplicar las de correrse. Sudaba, le faltaba el aliento, recordó las ocasiones en las que el Dueño la obligaba a orinar antes de correrse a fin de prolongar sus flujos, lo hizo mojando la silla y sintió la primera de las brutales contracciones que sabía ya no cesarían. Casi convulsivamente se introdujo todos los dedos en un ir y venir lascivo, gemía, jadeaba el nombre de Petrus deseando apareciera como tantas veces a reprimir su falta de voluntad. El primero de los orgasmos se tradujo en un grito desarmado, de súplica, quería el segundo, lo notó llegar desde la espalda, cayó al suelo y sin embargo continuó masturbándose, tuvo tiempo de ahogar sus gritos, se corrió en silencio cuando tercero y cuarto se encadenaron, el agotamiento sofocaba su cuerpo ya sin traba ni freno que lo retuviera, retozó en el charco que había dejado en el suelo entre orines y flujos cuando al último de sus espasmos siguió por fin la calma. Desnuda, empapada, revuelto cuerpo y alma, las lágrimas cejaron sus ojos. LLoró su pecado ya sinremedio al tiempo que el chat de vídeo de su ordenador reclamó su presencia.

"Buen día mi niña, ¿qué tal va todo?... "






sábado, 4 de marzo de 2017

Haiku



En mi memoria  cada poro de tu piel, cada caricia,
 cada esbozo de tus labios
cada mirada...
 porque tu olor jamás dejará de ser el mío




viernes, 3 de marzo de 2017

Rasurado








Le abrió las piernas. La espuma se confundió con la intensa humedad de su hembra, mucha ya aun antes de comenzar el ritual pactado, e incluso antes de que la extendiera en un cuidado masaje circular alrededor del sexo, tan cuidadoso y lento que a ella se antojó eterno el placentero previo a su afeitado. Desnudo el torso, su pantalón ya abultaba tanto que en su fuero interno deseaba no se prolongara demasiado la tarea antes de acabar follando a su perra.

No dudó un instante cuando recibió el mensaje informándole de la fecha, lugar y rito que marcaría el siguiente de sus encuentros. Él no planteaba ni preguntaba, ordenaba requiriendo su presencia y disposición como no podía ser de otra forma. Llevaba sin masturbarse desde entonces, había dejado crecer el vello púbico como le había ordenado. Desordenado, húmedo, desortijado y de intenso azabache desprendía su entrepierna el olor a sexo urgente y lascivia que sabía a su Amo endurecía. Perfumada, desnuda de cintura abajo, una tenue blusa de seda blanca le cubría el pecho. Pelo recogido, atadas las manos a la cabecera del potro y envuelta en aromas de sándalo y flores, regaló la última mirada a su Señor justo en el momento en que él recogía de la mesa auxiliar la afilada navaja de barbero puesta a remojo en agua hirviendo. Seguía humedeciéndose al tiempo que sus labios apenas acertaron a pronunciar un "te pertenezco" sintiendo el filo en el borde de su sexo. La hoja caliente apenas la rozó siguiendo una contracción brutal; respiró, no podía dejarse llevar. "Ni se te ocurra, puta", dijo mientras se afanó en un afeitado tan apurado como la reluciente chaira le permitía. Despacio, el pulso firme, los viajes del sexo al hirviente agua se acompañaban de sus suspiros cada vez más acelerados. "No te lo volveré a decir, aguanta". Se esforzó por mantener el cuerpo inmóvil, aunque el ardor en sus pezones comulgaba con el deseo de correrse. Él se incorporó dirgiéndose a cambiar el agua de la vieja bacía y, al regresar lo hizo ya sin pantalones. Admiró su cuerpo, la edad le había regalado una hermosa madurez, Depilado por completo, sólo su rostro dibujaba el perfil de una barba cuidada siendo éste el único vello de su cuerpo. Su sexo semejaba un hermoso bálano, libre y ya brutalmente duro. No se lo diría, pero estaba deseando penetrarla, invadir su sexo recién afeitado y llenarla por dentro. Se arrodilló de nuevo hasta completar su tarea deteniéndose a mirarla. Era de una belleza salvaje, amaba ese cuerpo moldeado a su antojo y que sabía sólo vivía para satisfacer cada uno de sus deseos por muy perversos que estos pudieran parecer. Lo había tomado cientos de veces de formas que antes pudieran parecer impensables para ambos y sin embargo la deseaba tan intensamente como el primer día.

Se inclinó para besarla y al tiempo la penetró con tal fuerza que el beso acabó en mordisco compartido en sus bocas con sangre y saliva. Casi no hizo falta empujar, tal era la dureza y el estado en que se encontraba, A ella el sexo le ardía tras el rasurado, sabía que no aguantaría mucho sin correrse, el pecho le latía con tal fuerza que el primer espasmo le llegó justo cuando su Dueño, incorporado de nuevo comenzó a follarle la boca, aplicó labios y dientes en acelerar el orgasmo del Amo. Lo sintió llegar antes incluso de llenarse la boca con su leche. El primero la salpicó sin control, dirigiendo él con sus manos el segundo a su pecho hasta atravesarle la garganta en el tercer espeso latigazo.


Desató sus manos, él seguía duro y ella mojada...





martes, 21 de febrero de 2017

Atados









Sintió las cuerdas. Su cuerpo se estremeció presionado por la gruesa línea que la cubría casi por entero ofreciendo sus pechos. Notó calor, un intenso calor en su piel enrojecida, un agrio escozor le atenazaba el busto, el dolor la invadía hasta dejarle sin habla. Perdió el aliento mientras su mirada desvaída, fija en el Amo, suplicaba alargar el momento. Desnuda, atada, entregada al deseo de su Señor, deseaba sentirle dentro aunque sabía que hoy no la penetraría, no al menos como había hecho cada noche desde su regreso. El dolor, ya casi insoportable, se confundía con el deseo, se sabía húmeda, tanto que las ataduras alrededor del sexo aún se apretaban más. Una vuelta más, quemaba, dolía pero una sonrisa le iluminaba el rostro dejando ver las nacaradas perlas que tanto gustaban a su Dueño. Querría pedir permiso para hablar pero las palabras se vaciaban en el cielo de su boca, sólo miraba, sentía y sonreía. Lo hacía aún más dulcemente cuando él acariciaba su cabello rojizo al tempo que apretaba un poco más el nudo principal del artesonado de su pecho. Deseaba ser suya, serlo por completo, sin matices, sin límites o que lo impidieran.







Su regreso había estado precedido de dudas, pero de nuevo estaba allí. Desnudo, endurecido y sometiéndola. Atados. Sonreía, no podía evitarlo, era suya desde siempre, desde su primera conversación y más ahora, con el paso de los años, la suma de experiencias compartidas, los momentos de dolor y risas, y aquellos en los su cuerpo se hacía junco entre sus manos expertas. Lo adoraba, sabía que él la amaba y cada noche se esforzaba por ser la sumisa perfecta, la que él había educado sin prisa a pesar de dificultades y distancias, aquella con la que soñó sin conocerla y que una vez suya le devolvió deseo y presencia. Era tan íntimamente suya, se había entregado con tal fuerza que había hecho suyos cada momento en los que juntos recorrieron el largo camino de su iniciación, sendero, adiestramiento y destreza hasta llegar al ahora, hasta convertirse en lo que ya eran por y para siempre, íntima realidad y único destino.

Apretó un poco más las cuerdas...