martes, 29 de diciembre de 2015

Agua en ti







Me costó decidirme pero al fin acordamos un encuentro. Apenas habían pasado seis meses desde aquella noche en la que, aún no sé bien porqué, entré furtivamente en tu página, espacio virtual desde el que cada noche finamente tejías delicadas redes de versos, sensaciones y ocultos y desafiantes placeres; apenas seis meses desde que tus letras, las primeras, comenzaron a hipnotizarme, apenas unos meses en los que el deseo me había tomado de forma tan brutal que tus verbos ese día y los que luego les siguieron hasta ahora, habían conseguido, pacientemente y sin prisas, quebrar la dura coraza que hasta entonces creí me protegía. Siempre me gustaron aquellas palabras que adornaban tus primeros textos, el sutil manejo de los versos, las imágenes, el brutal erotismo que destilaban tus letras y que más de una noche, imaginándote, me había hecho sucumbir furtivamente en la soledad de mi lecho al tiempo que mis manos dibujaban sobre mi cuerpo el lienzo que tantas veces tu voz me susurrara.

Recuerdo aquella noche, la primera, en la que descubrí tu página. Vagaba de blog en blog, aburrida, tenía calor, apenas un leve babydoll cubría mi cuerpo y sin saber bien lo que buscaba la pantalla de mi portátil me devolvía imágenes y aventuras virtuales, espacios de erotismo en red que habían hecho mi excitación fuera en aumento. Una tras otra, las páginas se abrían a mí ofreciéndome sin pudor fotos, textos, sugerencias, sexo explícito que no hacía más que aumentar mi aburrimiento. No sé bien cómo pero tu página saltó en mi ordenador casi sin esperarlo. Allí estaba. Grande, presidiéndolo todo, la imagen desnuda del Iuppiter más promiscuo me miraba en desafío, su verga casi insultante entre las manos de Tetis –“Acomodose junto a él, abrazó sus rodillas con la mano izquierda, tocole la barba con la diestra y dirigió su súplica al soberano… ”-.





 A su lado, y entre citas de Sade, Belli o Aretino, el enlace a aquella casona y tus primeros versos del agua, verbos que luego me arrastraran a la vorágine de sensaciones en la que ahora me encuentro. Me sumergí en tu obra, ávida, tensa, cada vez más excitada y caliente, tanto que aquella noche fue la primera en la que te llevé bajo mis sábanas, la primera en la que mis manos se vistieron de ti entre mi caliente e hinchado sexo. Aquella la noche que por primera vez y en un plácido duermevela, tu cuerpo se abrió paso entre el mío invadiéndome al punto de que decidiera hacer realidad el más excitante de mis sueños, llegar a tu lado, entregarme y sentir como tu ardiente esencia me reviviera por dentro.


No tardaste en aparecer. Unos días después de aquella noche recibí respuesta al comentario que dejara entonces en tu página. “Seré agua por usted…”  No conseguí entenderlo, ni aquel ni muchos de los que desde ese día fueron llegando en puntuales calendas a mi correo acompañados de sugerentes y sutiles mensajes. Muchos hasta aquel día, el último; la imagen de una rosa, un poema, una dirección, un día y unas palabras… “Ven, súmate a mí”. No lo pensé, los dos sabíamos que pronto sería de tu cuerpo presa, cautivo mi sexo entre tus piernas. 



Acudí a tu llamada, al grito antes ahogado y tantas veces reprimido. Acudí tras días de espera, de anhelos, de deseos incontenibles; acudí sabiendo lo que esperaba tras tu puerta, tras tus mensajes, tras las dulces y ardientes palabras de los últimos días, acudí húmeda, intensamente al pensarte, quemándome en el encuentro mil y un veces soñado;  nerviosa, temblorosa, recordando lo que leí en tu primer mensaje, en los que llegaron después, en el último tras el que accedí a ser tuya y entregarme…


El lugar que habías elegido para nuestro primer encuentro era una vieja casona rural reformada, la misma que había visto en el enlace de tu página; me costó llegar, los nervios y el dichoso GPS que siempre se negó a funcionar me hicieron perderme mil veces por los senderos que indicaban el camino hacia ti, eso y la excitación que me había impedido dormir la noche anterior y que aún ahora me acompañaba. Sentada en el coche, mientras conducía no podía evitar imaginarte, pensarte dentro de mí, tu sexo moviéndose en las embestidas que mis caderas marcaban. Las paredes del mío se humedecían de nuevo, como todas aquellas noches en las que, tras leer el último poema de tu página, me retiraba desnuda y entre sudores, pensaba en tus manos en mi cuerpo, tus labios recorriéndome, tu pecho pegado a mi espalda mientras mis nalgas se abrían a tu paso, para ti…


Casi sin saber cómo, me detuve en una cuneta, excitada, tremendamente excitada, abiertas las piernas, deseosa de tu cuerpo mis manos comenzaron a acariciar mi pecho, mis pezones endurecidos, apreté las piernas intentando reprimir mis ganas de ti, fue peor. Casi instintivamente mi ropa interior cayó empapada bajo el asiento, mis piernas reposando sobre el volante, levanté las nalgas haciendo franco el camino a mis dedos, primero uno, otro, el tercero me abrió de tal forma que no pude evitar un gemido largo, prolongado, era tu sexo el que penetraba salvaje y bruscamente en mi pensamiento mientras mi respiración comenzaba a ser más y más violenta. Lo noté llegar, los ojos cerrados, mis labios rotos por mis propios mordiscos, sentí mi flujo resbalar entre las piernas, empapar el asiento, ahogar un grito en mi garganta, un grito que ya no podía esconder por estar a tu lado, porque me tomaras, por beber de tu sexo, por amanecer fundida en ti, quebrada, deliciosamente rota y entregada…




Sin casi fuerzas retomé el camino, el deseo estaba aún, no había conseguido reprimir la sensación de saberte dentro, muy dentro; intenté recoger la ropa interior aunque finalmente preferí dejarla bajo el asiento, dejar que mi sexo apenas liberado y todavía abierto por la intensidad con la que minutos antes se habían movido mis dedos fuera el que acudiera a tu encuentro. Llegué al hotel, estaba más cerca de lo que imaginaba cuando tuve que detenerme en la cuneta a calmar mis ansias de ti. En la recepción, una rosa descaradamente y una nota manuscrita me esperaban: “Habitación 304, la nuestra, desnúdate y espera… ”. Temblaba, llevaba haciéndolo todo el camino pero ahora ya me resultaba imposible disimular. El hombre que atendía la recepción se dio cuenta, “¿está usted bien?”, “sí, no se preocupe, es sólo frío” (¿frío?, cómo decirle que toda yo era fuego y que ardía por dentro). “Su marido dijo que tardaría y que le espere en la habitación”, me indicó aquel hombre al tiempo que su mirada me hacía sentir vergonzosamente desnuda. ¿Mi marido?, no dije nada mientras esperaba el ascensor y mis ojos fijaron el inmenso cartel que colgaba de las paredes –“Júpiter se enamoró intensamente de esta tierra y decidió poseerla, atravesándola con un río y transformándose él mismo en agua para acariciar hasta su último recodo…”-. No quise evitar una sonrisa cómplice. Había algo mágico en el ambiente…



Llegada a la habitación, me costó abrir, mis dedos temblaban, mi corazón latía ávido y expectante, mi cuerpo se resistía a obedecer. Al entrar, un envolvente olor que aún no he acertado a definir me recibía; encima del lecho, una rosa, otra nota. “Sabía que vendrías, te quiero sólo vestida con el antifaz ciego que encontrarás sobre la almohada”. Me temblaron las manos mientras me desnudaba, ahora sí sentí frío, mucho frío, puse el antifaz sobre mis ojos y me tumbé esperando. No pasó mucho tiempo cuando escuché la puerta y sentí un olor suave a agua de colonia, estaba desvergonzadamente excitada, apreté fuertemente los muslos mientras sentía como mi sexo latía generando tal cantidad de flujo que las sábanas comenzaban a estar muy húmedas. Algo, tus brazos, me dio la vuelta sin decir nada. Tus dedos recorrieron mi espalda desnuda, masajeando los pequeños relieves de mi columna, tu aliento, tu saliva… Tu tacto añadía una nueva dimensión a la excitación que me embriagaba. Vacilaba al borde del abismo.


De nuevo me giraste, ahora mucho más suavemente. Sujetaste mis nalgas cubiertas de la fragancia viscosa de mi sexo, pellizcándolas, alzándolas. Mi entrepierna estaba cada vez más húmeda, la seda rozaba los delicados pliegues de mi sexo mientras el placer se anunciaba llegando a las rodillas, irradiaba hasta mi vientre, mi aliento cada vez más agitado me señalaba que no tenía voluntad de rehusar. Fue entonces cuando me atreví, mis manos se aventuraron recreando mi embriaguez en las formas de tu cuerpo, mis muslos se separaban por sí solos, mis rodillas se abrían sintiendo la dulzura de tus manos llegando hasta la puerta de mi sexo, tus labios absorbiendo el excitante néctar que luego, en un beso largo y lento dieras dulcemente a probar a mi boca.


Sentí entonces la respiración en mi cuello, tus labios entreabiertos y mojados sobre mi piel, apenas me tocabas; pensé en las veces que había soñado con este encuentro, las veces que mi mente lo dibujara al leer cada una de tus cartas, las que lo imaginé entre las paredes de mi alcoba;  mis caderas se alzaron involuntariamente cuando te inclinaste sobre mí, tu erección, fuerte, intensa, presionaba firmemente contra la hendidura de mis nalgas, penetrándome. Dejé descansar mi mejilla en la suave sabana de seda con los ojos cerrados, mientras mordisqueabas mi cuello con delicadeza y mis manos agarradas al cabecero de la cama ahogaron un grito mientras sentía como tu caliente esencia me inundaba por dentro.

Breves y continuados estremecimientos recorrieron nuestra piel...


No te sentí marchar, debí quedarme dormida en la nube a la que mi cuerpo se transportó al tiempo que te derramabas en mí; tímidamente, temerosa, mis manos levantaron el antifaz que cegaba mis ojos. A mi lado una rosa, blanca ahora, y una nota…


“Volverás, lo sé… y me transformaré de nuevo en agua para acariciar como un río hasta tu último recodo”.




miércoles, 16 de diciembre de 2015

Distancia








Es tu abrazo el que me falta, tus besos los que no llegan, tu piel la que no se llena de mí. Tu ausencia es la que me marca, limita y atormenta; tu deseo el que me envuelve y arrastra, el mío el que me priva de ti. Son tus verbos los que me hablan, tu cercanía la que me llama, es tu cariño el que me invita. Tus manos son las que no me acogen, tus ojos los que miran sin verme, tu cuerpo el que no me cobija. Es tu olor el que percibo dulce aunque distante, tu sabor el que no siento, tu voz la que escucho lejana cuando pronuncia mi nombre. Son tus letras las que me arrullan, tu sexo el que está en mis sueños, tu cabeza la que duerme recostada en mi pensamiento.

Eres tú, siempre y sólo tú, mi primer recuerdo al despertar, el último cuando me puede el sueño, el más intenso cuando la excitación me vence… Son entonces tus manos las que me abrigan, tu cintura en la que anido, tu voz la que me ama fundiéndose en mí.



martes, 15 de diciembre de 2015

Entrégate






Abrázame, revive y víveme.

Abrázame, huéleme, espérame, róbame un beso de fuego y comúlgame, crece en mí.

Abrázame, aprésame, esclavízame a tus caderas, hazme luz con tus manos, mírame, dulcifícame; abrázame y endúlzame, hazte sol al sentirme, bríllame.

Abrázame, condúceme a ti y recondúceme, permíteme susurrar y susúrrame, entrégate, únete y hazme corazón por ti.

Abrázame, apriétame, pecho, brazos, en tu corazón abrásame. Se alma y al serlo abrázame, rima en mis versos, imagíname, recuerda y abrázame. Quiéreme, lágrima viva, risa, labios, ojos, mira y aletéame; quédate, bésame.

Sé en la distancia, créeme de nuevo, piensa y susúrrame... Siénteme, emocióname, háblame, piensa, resucítame...

viernes, 11 de diciembre de 2015

Vestido de ti






Imagen: Rita Lino


Desnudo tu ausencia, la visto de mí. Me empapo en tu memoria, busco sin éxito; perdido disfrazo tus recuerdos y al hacerlo pierdo el camino, sendero incierto, vacío, sin rumbo; extraño, sufro sin estar en ti, mi cuerpo te llora, mis manos te lloran, lloran mis ojos por ti; lloran mis letras sin saber qué decir, poesía gris, triste y ausente; descubro tu falta y algo falta al faltar tú en mí; sueño, pienso, siento tu no estar; grito, te llamo, escribo sin pensar, y al pensar lo destruyo por ti, rompo mis versos al no estar; me quedo y me voy, no estoy y estoy roto sin ti; sigo tus pasos, me pierdo sin hallarte, y por ti vuelvo atrás, atrás hasta estar en ti, atrás en mi recuerdo, desnudo en tu ausencia, vestido de ti…

Descubro tus ojos, te miro, te leo y al hacerlo me veo en ti, veo mi reflejo en los pliegues de tu cuerpo, veo y siento, en silencio te recorro, asciendo y te veo, me miro en ti y me veo; en tus ojos me busco, me encuentro y te veo. Profundos, cálidos, cercanos azabaches que susurran poesía al albur de tu mirar. Tu reflejo, su brillo, mi oscuridad que se llena de luz al encontrarte. Inesperada, emotiva y dulce, ardiente al quemarme, generosa al darte, noble al recibirme, intensa al llamarme, pura, limpia, abierta a mí y en mí fundida, pegada a mí, por mí cercana. Veo tus ojos, tu mirada y ellos me hablan, mil historias que me impulsan, me gritan y me llaman, me invitan a ir. Espérame, voy a ti, allegarme y estar en ti, mirarte y estar en ti, tu mirada, tú, y al tenerte, tenerte a ti...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Espuma








Me he vuelto brisa que acaricia tu mejilla,
espuma que recorre
cada rincón de tu pecho suavemente.



martes, 8 de diciembre de 2015

Fuego







Soy la sombra del deseo,
esa que cada noche vuelve a encender el fuego,
el sonido de las olas
susurrando en cada amanecer tu nombre...




De seda y piel







Niña de seda , hilo de luz que se dibuja en tu espalda. Niña de seda y azules, torrente de miel al calor de tu pecho; soñar y verme envuelto en ti, magia de colores, tu olor, sabor encerrado en tus manos de brisa satén; caricia del alma, dulce pasión, escondido temblor. Niña de seda, agua, fuego; terso tu mirar reflejado, tocar y descubrir, pensarte y renacer, verte niña y sentirte mujer. Mujer de seda y piel, cuello, pecho, manos y pies; descifrarme, florecer y al despertar escribirte; amanecer y prolongarme. Verso, rima, poesía, encuentros en tu rojo atardecer. Besos, caricias, susurros al aire; espalda de seda, principio y fin, sendero a seguir, subir, recorrerte y no pensar, descansar; iniciar y retomar, ascender, bajar, entrar, dormir y despertar. Caminar descalzo, tímida desnudez al acercarme y llegar, permanecer y tejer en seda tu piel; beso largo, lento, prolongado; beso que llene de flores mi garganta, mariposas en los pies, beso dulce, derroche de luz, beso limpio, de agua, fresco en mi pensar. Beso de seda y luz, de calma y sed, mi sed, tu sed; seda que me envuelve y me habla de ti...





Preso en tus labios







Labios de fresa y miel, dulce regalo de otoño, belleza en ti, fruta madura que se deshace en mi boca. Mi corazón vuela enredándose en tu aroma, dulce, fresco, salvaje; mi cuerpo sigue preso en tu silencio, cautivo, triste al no tenerte, prendido en el salado sabor de tu suave presencia.

Trémula sensación anudada a mí, arropado entre tus piernas, lejos, muy lejos, pero a mi lado. Manos fuertes, mirada cierta, artesana del amor sin límites, libre, sin barreras ni disculpas, noble y presente, aun ausente siempre presente; nómada viajero con rumbo hacia ti. Dejo mi huella, mis palabras te llegan, tu cuerpo es mi poesía, canto de vida y esperanza, amor y verbo; grito tu nombre y al hacerlo mi alma se achica en el dulce de tu palabra; escriben mis letras el sendero que me acerca a ti, mis ojos se nublan al ver como te alejas.

Bella y transparente, noble y generosa, valiente, sentimental y apasionada; cóctel de fruta fresca, princesa gitana, naturaleza viva y sugerente; ojos de gata, sensual y ardiente, entregada, sutil y serena, arrolladoramente intensa; excitante, fuerte y constante, diferente…




lunes, 7 de diciembre de 2015

Despertar sumiso






Primavera que se abre a la  vida, sueños en tintes dorados con el nacimiento de  cada día. Dulzura en su nombre y en su mirar, presencia constante, primeras certezas y dudas, amor que entregar descubriendo y lentamente descubrir y ver llegar, entusiasta renacer sumiso, sentidos que apenas amanecen  se desbordan en caudal irreverente.  Etapas primeras que recordar después, ciclos de los que aprender y mejorar. Tropezar, caer, levantarse y andar, volver a empezar, pasar y pasar dejando que la vida se haga presente en cada nueva sensación, experimentar, comprobar, aprender y mejorar.

Sentir, querer, darse y recibir. Tomar mi mano y dejarse llevar, recorrer cada vereda, detenerse en cada obstáculo, mirar y esperar, enseñanza  nueva con la que cada día aprender, crecer, hacerse mayor y madurar. Todo un mundo vivido que aún queda por llegar, todo por descubrir, larga ruta en la que equivocarse, errar, pararse a observar, acertar y seguir.

En su despertar a mí, asombrado me detengo en cada gesto, cada dulce brillo de sus ojos inocentes y llenos de luz. Niña de esencias, mujer nueva, sal de la tierra, fiel, leal y noble; dulce como dulce es el candor que sus años no esconden; entregada, intensa e inocente; alegre, feliz, azúcar y miel, compañera niña, amiga y mujer, sumisa en su más hermoso despertar.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Te escribo








Muchos, demasiados los días sin ti, muchos lo que, con la alborada de los primeros rayos, mis manos te buscan aun en la distancia, muchos en los que mis ojos te ven sin hallarte, en los que mi voz pronuncia tu nombre esperando mi grito llegue allá donde te encuentres. Largas las horas, eternos los minutos en los que desde entonces cientos, miles de veces he gritado tu nombre aun castigado en el más oscuro de los cautiverios. Pena que sufro, desgraciada agonía que daría felizmente por bien empleada con sólo posar mis manos sobre tu frente desnuda, escuchar tu voz nuevamente pronunciar mi nombre mientras te invado, volver a dibujar con mis labios la mágica línea que tu espalda me brinda, reinventando en mí sensaciones, deseo, excitación y fe.

Desde aquel  fascinante encuentro que se presenta a mí en todas y cada una de mis noches, es tu olor el que acompaña mis más tristes horas, tristes en tu falta, extrañas sin tu tacto, aciagas sin tus manos sobre mi piel, sin la música que en el más hermoso de mis deseos escribo lentamente cada noche sobre tu espalda. En cada una de esas noches, fieles en mi descanso, tus susurros aún en mi recuerdo, me hablan de todo el amor que devotamente me profesas como tu Dueño aun en la lejanía. Siento tu falta, te extraño; hondo y doloroso penar tras violentar tu alma, hacerla con tu cuerpo mía y penar ahora en la prisión que habito lejos de ti.

Tu estela









Tu estela me marca el camino de tus pasos, sigo tus huellas abandonándome al capricho de tus marcados pechos, deshago veredas y en tu sendero me pierdo al llegar entre tus piernas, invado tu espacio saboreando cada pliegue mientras hago cumbre en ti. Te pienso, te sigo, te deseo como aquel día primero en el que, recién domada y en mis marcas por siempre dibujada, renaciste entre mis brazos.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Sobre el lecho









Embozada, atada e inmovilizada por completo. Así me recibiste sobre el lecho. Te tomé entre urgencias, febrilmente, tal era el estado de excitación que tu aplicación sobre mi endurecido miembro había provocado. Lo hice violentamente, de forma tan brutal como aguardabas antes de que los amarres fueran mi regalo de sobremesa; con prisas y a empujones desordenados corriéndome tantas veces dentro como hiciera antes fuera en una salvaje mezcla de sangre, sudor y fluidos, derramándome dentro cálida y espesamente entre mis gritos y tus mudos gemidos de sumisión. Tras ello, ya liberada de embozos inútiles ordené te aplicaras con boca y labios sobre el jugoso e incandescente fruto de tu excitante entrega. Duro, tenso, con la aviesa avidez de quien disfruta de su posesión más preciada, forzando el cielo de tu garganta como antes hiciera en sexo y ano. Violento y salvaje, percherón entero desbocado ante su amada yegua en celo. Te abofeteé al mínimo freno entendiendo tú al punto el mensaje de tu Dueño esmerándote de nuevo en tu tarea. Tus lágrimas de antes se confundieron ahora con tu sonrisa satisfecha, intenso éxtasis en el brillo de tus ojos sobre los míos, el olor de tu entrepierna llenando la estancia, el mío desbordado en inabordable torrente, elixir de vida entre tus impacientes y húmedos labios.



En el silencio de la noche





                                                                                 Imagen: Gabriele Rigon



Cae la noche y entre silencios 
modela en sombras
cada verso escrito sobre tu cuerpo



Ausencia de Ti







En el amanecer, al despertar, noto tu ausencia. 
Me faltas al caer la tarde y cuando la noche se hace eterna sin Ti.





viernes, 4 de diciembre de 2015

Anudado a tu cintura






                                                                                 Imagen: Jeanloup Sieff



El día amanece gris, nublado y triste cuando es tu olor el que me falta; eternas las horas dejan pasar el tiempo en tu ausencia. Cierro los ojos y te veo, te siento, te puedo oler, dibujo tus ojos, tus manos, las caricias que un día soñé y repito cada noche  desde tu marcha, aquellas que dibujan los ecos de el anhelado nuestro primer encuentro, las que aún me faltan y las que ya viven para siempre a mi lado. Te busco al despertar y en cada una de mis noches, puedo escucharte pronunciar mi nombre, regalarme el calor de tus manos sobre mi pecho, el tuyo pegado al mío; la entrecortada respiración, nerviosa y cierta que tu cercanía provoca, la débil y candente al dormir mientras me miras, la rápida y urgente cuando a mí te entregas… Te pienso, Te siento, Me perteneces.


Anudado a tu cintura moriría cada noche, renaciendo a tu lado con la llegada del alba.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Alzo mi voz y te recibo



                                                                                   Imagen: Gabriele Rigon


Es tu imagen serena, clara, la silueta que adivinó envuelta en sombras, percibo tu luz, me llega, me inunda de contrastes, me puede; arrebata atrapándome en el preciso arcoiris de color constante, permanente, punto aquel en el que todo confluye; tu voz, tu olor, la cercanía que tu imagen blanca desprende; el tacto de tu piel, susurros a media voz entre mis sueños, los tuyos, los que en ti se alimentan y crecen, los que luego maduran y me llegan arrobándome en certezas. Alzo mi voz y te llamo, respondiendo tú al instante, te veo acercarte temblando entre luces, alargo los brazos, los extiendo a ti, te das y te alcanzo recogiendo tus dudas, temores, nubes que en tu seno tornan limpias y azules, viento en calma que habla de ti, perfil transparente, nítido, brisa fresca que  devuelve en su regreso matices de niña, mujer, compañera y sumisa entre pinceles. Brillo en tu luz y en ella amanezco, al albor, húmeda alborada donde las distancias mueren; sigo el hilo que a tu espalda conduce y en ella descubro la poesía que vive en ti, la que te acompaña y completa, la que me inspira y te protege. Llego a tu puerto y hago alto, descanso en el sutil aroma que en tu caminar me brindas, esparzo mis miedos, disipo tus dudas, al tiempo que  un dulce "te pertenezco" en tus labios me  envuelve.

Tu voz




                                                                                               
                                                                                    Imagen: Gabriele Rigon


Siendo ya tu voz parte viva en mí, escucho el murmullo del agua  llegando  a morir a tu orilla, descubro un nuevo matiz que añadir a tus gestos, caricias, susurros que dibujo al pronunciar  tu nombre. Arrullos del aire, brisa suave y clara, marcas del sol sobre tus hombros desnudos; certeza en el gesto, nobleza y dulzura en el amor que en flor ofreces, liviana sensación que duerme en tu espalda, hilo de luz, trémula voz cercana y clara cuando te siento mía.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Le pregunto al mar








Le pregunto al mar si todavía
andará mi nombre entre tus labios
si estoy entre los pliegues de tu piel
y de ese corazón tuyo...
si acaso sigo aún presente 
en el alma que me ofreciste un día

Pintándote






Adorné mi camino con el color  de tus besos, dibujé tus caricias en un mágico y excitante lienzo. Pinté cada susurro de  azules  intensos, de verde selva cada roce de tus manos, blanco brillante el olor que tu piel transmite, cálidos crema tus andares. En oro  brillante y cercano  tu pelo, soleados matices dando color a tu frente, nariz en dulce terciopelo, rosas vivos en tus labios, de lavanda  y plata tus mejillas.  Intensos, ardientes, en fuego  tus ojos, cuello y espalda pinté de rojos eléctricos, en mágico púrpura  la  corona de tus senos, a ellos de añil y violeta. Cuello y espalda dibujé en  nerviosos naranjas , de amarillo pálido cintura y ombligo, cálido y  brillante  allá donde todo se consume en   pasión y entrega. Tus piernas en amarmolados terrosos, diamantados y  tersos muslos y caderas, en grises la cadencia de tus nalgas,  de púrpura sereno los tobillos, pies y dedos en fascinantes dorados. De entregado rojo tu corazón, arcoiris de luz la entrega que sumisa ofreces, poderosos  verdes la esperanza de un regreso, azules  claros la certeza de un "soy tuya".