martes, 29 de diciembre de 2015

Agua en ti







Me costó decidirme pero al fin acordamos un encuentro. Apenas habían pasado seis meses desde aquella noche en la que, aún no sé bien porqué, entré furtivamente en tu página, espacio virtual desde el que cada noche finamente tejías delicadas redes de versos, sensaciones y ocultos y desafiantes placeres; apenas seis meses desde que tus letras, las primeras, comenzaron a hipnotizarme, apenas unos meses en los que el deseo me había tomado de forma tan brutal que tus verbos ese día y los que luego les siguieron hasta ahora, habían conseguido, pacientemente y sin prisas, quebrar la dura coraza que hasta entonces creí me protegía. Siempre me gustaron aquellas palabras que adornaban tus primeros textos, el sutil manejo de los versos, las imágenes, el brutal erotismo que destilaban tus letras y que más de una noche, imaginándote, me había hecho sucumbir furtivamente en la soledad de mi lecho al tiempo que mis manos dibujaban sobre mi cuerpo el lienzo que tantas veces tu voz me susurrara.

Recuerdo aquella noche, la primera, en la que descubrí tu página. Vagaba de blog en blog, aburrida, tenía calor, apenas un leve babydoll cubría mi cuerpo y sin saber bien lo que buscaba la pantalla de mi portátil me devolvía imágenes y aventuras virtuales, espacios de erotismo en red que habían hecho mi excitación fuera en aumento. Una tras otra, las páginas se abrían a mí ofreciéndome sin pudor fotos, textos, sugerencias, sexo explícito que no hacía más que aumentar mi aburrimiento. No sé bien cómo pero tu página saltó en mi ordenador casi sin esperarlo. Allí estaba. Grande, presidiéndolo todo, la imagen desnuda del Iuppiter más promiscuo me miraba en desafío, su verga casi insultante entre las manos de Tetis –“Acomodose junto a él, abrazó sus rodillas con la mano izquierda, tocole la barba con la diestra y dirigió su súplica al soberano… ”-.





 A su lado, y entre citas de Sade, Belli o Aretino, el enlace a aquella casona y tus primeros versos del agua, verbos que luego me arrastraran a la vorágine de sensaciones en la que ahora me encuentro. Me sumergí en tu obra, ávida, tensa, cada vez más excitada y caliente, tanto que aquella noche fue la primera en la que te llevé bajo mis sábanas, la primera en la que mis manos se vistieron de ti entre mi caliente e hinchado sexo. Aquella la noche que por primera vez y en un plácido duermevela, tu cuerpo se abrió paso entre el mío invadiéndome al punto de que decidiera hacer realidad el más excitante de mis sueños, llegar a tu lado, entregarme y sentir como tu ardiente esencia me reviviera por dentro.


No tardaste en aparecer. Unos días después de aquella noche recibí respuesta al comentario que dejara entonces en tu página. “Seré agua por usted…”  No conseguí entenderlo, ni aquel ni muchos de los que desde ese día fueron llegando en puntuales calendas a mi correo acompañados de sugerentes y sutiles mensajes. Muchos hasta aquel día, el último; la imagen de una rosa, un poema, una dirección, un día y unas palabras… “Ven, súmate a mí”. No lo pensé, los dos sabíamos que pronto sería de tu cuerpo presa, cautivo mi sexo entre tus piernas. 



Acudí a tu llamada, al grito antes ahogado y tantas veces reprimido. Acudí tras días de espera, de anhelos, de deseos incontenibles; acudí sabiendo lo que esperaba tras tu puerta, tras tus mensajes, tras las dulces y ardientes palabras de los últimos días, acudí húmeda, intensamente al pensarte, quemándome en el encuentro mil y un veces soñado;  nerviosa, temblorosa, recordando lo que leí en tu primer mensaje, en los que llegaron después, en el último tras el que accedí a ser tuya y entregarme…


El lugar que habías elegido para nuestro primer encuentro era una vieja casona rural reformada, la misma que había visto en el enlace de tu página; me costó llegar, los nervios y el dichoso GPS que siempre se negó a funcionar me hicieron perderme mil veces por los senderos que indicaban el camino hacia ti, eso y la excitación que me había impedido dormir la noche anterior y que aún ahora me acompañaba. Sentada en el coche, mientras conducía no podía evitar imaginarte, pensarte dentro de mí, tu sexo moviéndose en las embestidas que mis caderas marcaban. Las paredes del mío se humedecían de nuevo, como todas aquellas noches en las que, tras leer el último poema de tu página, me retiraba desnuda y entre sudores, pensaba en tus manos en mi cuerpo, tus labios recorriéndome, tu pecho pegado a mi espalda mientras mis nalgas se abrían a tu paso, para ti…


Casi sin saber cómo, me detuve en una cuneta, excitada, tremendamente excitada, abiertas las piernas, deseosa de tu cuerpo mis manos comenzaron a acariciar mi pecho, mis pezones endurecidos, apreté las piernas intentando reprimir mis ganas de ti, fue peor. Casi instintivamente mi ropa interior cayó empapada bajo el asiento, mis piernas reposando sobre el volante, levanté las nalgas haciendo franco el camino a mis dedos, primero uno, otro, el tercero me abrió de tal forma que no pude evitar un gemido largo, prolongado, era tu sexo el que penetraba salvaje y bruscamente en mi pensamiento mientras mi respiración comenzaba a ser más y más violenta. Lo noté llegar, los ojos cerrados, mis labios rotos por mis propios mordiscos, sentí mi flujo resbalar entre las piernas, empapar el asiento, ahogar un grito en mi garganta, un grito que ya no podía esconder por estar a tu lado, porque me tomaras, por beber de tu sexo, por amanecer fundida en ti, quebrada, deliciosamente rota y entregada…




Sin casi fuerzas retomé el camino, el deseo estaba aún, no había conseguido reprimir la sensación de saberte dentro, muy dentro; intenté recoger la ropa interior aunque finalmente preferí dejarla bajo el asiento, dejar que mi sexo apenas liberado y todavía abierto por la intensidad con la que minutos antes se habían movido mis dedos fuera el que acudiera a tu encuentro. Llegué al hotel, estaba más cerca de lo que imaginaba cuando tuve que detenerme en la cuneta a calmar mis ansias de ti. En la recepción, una rosa descaradamente y una nota manuscrita me esperaban: “Habitación 304, la nuestra, desnúdate y espera… ”. Temblaba, llevaba haciéndolo todo el camino pero ahora ya me resultaba imposible disimular. El hombre que atendía la recepción se dio cuenta, “¿está usted bien?”, “sí, no se preocupe, es sólo frío” (¿frío?, cómo decirle que toda yo era fuego y que ardía por dentro). “Su marido dijo que tardaría y que le espere en la habitación”, me indicó aquel hombre al tiempo que su mirada me hacía sentir vergonzosamente desnuda. ¿Mi marido?, no dije nada mientras esperaba el ascensor y mis ojos fijaron el inmenso cartel que colgaba de las paredes –“Júpiter se enamoró intensamente de esta tierra y decidió poseerla, atravesándola con un río y transformándose él mismo en agua para acariciar hasta su último recodo…”-. No quise evitar una sonrisa cómplice. Había algo mágico en el ambiente…



Llegada a la habitación, me costó abrir, mis dedos temblaban, mi corazón latía ávido y expectante, mi cuerpo se resistía a obedecer. Al entrar, un envolvente olor que aún no he acertado a definir me recibía; encima del lecho, una rosa, otra nota. “Sabía que vendrías, te quiero sólo vestida con el antifaz ciego que encontrarás sobre la almohada”. Me temblaron las manos mientras me desnudaba, ahora sí sentí frío, mucho frío, puse el antifaz sobre mis ojos y me tumbé esperando. No pasó mucho tiempo cuando escuché la puerta y sentí un olor suave a agua de colonia, estaba desvergonzadamente excitada, apreté fuertemente los muslos mientras sentía como mi sexo latía generando tal cantidad de flujo que las sábanas comenzaban a estar muy húmedas. Algo, tus brazos, me dio la vuelta sin decir nada. Tus dedos recorrieron mi espalda desnuda, masajeando los pequeños relieves de mi columna, tu aliento, tu saliva… Tu tacto añadía una nueva dimensión a la excitación que me embriagaba. Vacilaba al borde del abismo.


De nuevo me giraste, ahora mucho más suavemente. Sujetaste mis nalgas cubiertas de la fragancia viscosa de mi sexo, pellizcándolas, alzándolas. Mi entrepierna estaba cada vez más húmeda, la seda rozaba los delicados pliegues de mi sexo mientras el placer se anunciaba llegando a las rodillas, irradiaba hasta mi vientre, mi aliento cada vez más agitado me señalaba que no tenía voluntad de rehusar. Fue entonces cuando me atreví, mis manos se aventuraron recreando mi embriaguez en las formas de tu cuerpo, mis muslos se separaban por sí solos, mis rodillas se abrían sintiendo la dulzura de tus manos llegando hasta la puerta de mi sexo, tus labios absorbiendo el excitante néctar que luego, en un beso largo y lento dieras dulcemente a probar a mi boca.


Sentí entonces la respiración en mi cuello, tus labios entreabiertos y mojados sobre mi piel, apenas me tocabas; pensé en las veces que había soñado con este encuentro, las veces que mi mente lo dibujara al leer cada una de tus cartas, las que lo imaginé entre las paredes de mi alcoba;  mis caderas se alzaron involuntariamente cuando te inclinaste sobre mí, tu erección, fuerte, intensa, presionaba firmemente contra la hendidura de mis nalgas, penetrándome. Dejé descansar mi mejilla en la suave sabana de seda con los ojos cerrados, mientras mordisqueabas mi cuello con delicadeza y mis manos agarradas al cabecero de la cama ahogaron un grito mientras sentía como tu caliente esencia me inundaba por dentro.

Breves y continuados estremecimientos recorrieron nuestra piel...


No te sentí marchar, debí quedarme dormida en la nube a la que mi cuerpo se transportó al tiempo que te derramabas en mí; tímidamente, temerosa, mis manos levantaron el antifaz que cegaba mis ojos. A mi lado una rosa, blanca ahora, y una nota…


“Volverás, lo sé… y me transformaré de nuevo en agua para acariciar como un río hasta tu último recodo”.




miércoles, 16 de diciembre de 2015

Distancia








Es tu abrazo el que me falta, tus besos los que no llegan, tu piel la que no se llena de mí. Tu ausencia es la que me marca, limita y atormenta; tu deseo el que me envuelve y arrastra, el mío el que me priva de ti. Son tus verbos los que me hablan, tu cercanía la que me llama, es tu cariño el que me invita. Tus manos son las que no me acogen, tus ojos los que miran sin verme, tu cuerpo el que no me cobija. Es tu olor el que percibo dulce aunque distante, tu sabor el que no siento, tu voz la que escucho lejana cuando pronuncia mi nombre. Son tus letras las que me arrullan, tu sexo el que está en mis sueños, tu cabeza la que duerme recostada en mi pensamiento.

Eres tú, siempre y sólo tú, mi primer recuerdo al despertar, el último cuando me puede el sueño, el más intenso cuando la excitación me vence… Son entonces tus manos las que me abrigan, tu cintura en la que anido, tu voz la que me ama fundiéndose en mí.



martes, 15 de diciembre de 2015

Entrégate






Abrázame, revive y víveme.

Abrázame, huéleme, espérame, róbame un beso de fuego y comúlgame, crece en mí.

Abrázame, aprésame, esclavízame a tus caderas, hazme luz con tus manos, mírame, dulcifícame; abrázame y endúlzame, hazte sol al sentirme, bríllame.

Abrázame, condúceme a ti y recondúceme, permíteme susurrar y susúrrame, entrégate, únete y hazme corazón por ti.

Abrázame, apriétame, pecho, brazos, en tu corazón abrásame. Se alma y al serlo abrázame, rima en mis versos, imagíname, recuerda y abrázame. Quiéreme, lágrima viva, risa, labios, ojos, mira y aletéame; quédate, bésame.

Sé en la distancia, créeme de nuevo, piensa y susúrrame... Siénteme, emocióname, háblame, piensa, resucítame...

viernes, 11 de diciembre de 2015

Vestido de ti






Imagen: Rita Lino


Desnudo tu ausencia, la visto de mí. Me empapo en tu memoria, busco sin éxito; perdido disfrazo tus recuerdos y al hacerlo pierdo el camino, sendero incierto, vacío, sin rumbo; extraño, sufro sin estar en ti, mi cuerpo te llora, mis manos te lloran, lloran mis ojos por ti; lloran mis letras sin saber qué decir, poesía gris, triste y ausente; descubro tu falta y algo falta al faltar tú en mí; sueño, pienso, siento tu no estar; grito, te llamo, escribo sin pensar, y al pensar lo destruyo por ti, rompo mis versos al no estar; me quedo y me voy, no estoy y estoy roto sin ti; sigo tus pasos, me pierdo sin hallarte, y por ti vuelvo atrás, atrás hasta estar en ti, atrás en mi recuerdo, desnudo en tu ausencia, vestido de ti…

Descubro tus ojos, te miro, te leo y al hacerlo me veo en ti, veo mi reflejo en los pliegues de tu cuerpo, veo y siento, en silencio te recorro, asciendo y te veo, me miro en ti y me veo; en tus ojos me busco, me encuentro y te veo. Profundos, cálidos, cercanos azabaches que susurran poesía al albur de tu mirar. Tu reflejo, su brillo, mi oscuridad que se llena de luz al encontrarte. Inesperada, emotiva y dulce, ardiente al quemarme, generosa al darte, noble al recibirme, intensa al llamarme, pura, limpia, abierta a mí y en mí fundida, pegada a mí, por mí cercana. Veo tus ojos, tu mirada y ellos me hablan, mil historias que me impulsan, me gritan y me llaman, me invitan a ir. Espérame, voy a ti, allegarme y estar en ti, mirarte y estar en ti, tu mirada, tú, y al tenerte, tenerte a ti...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Espuma








Me he vuelto brisa que acaricia tu mejilla,
espuma que recorre
cada rincón de tu pecho suavemente.



martes, 8 de diciembre de 2015

Fuego







Soy la sombra del deseo,
esa que cada noche vuelve a encender el fuego,
el sonido de las olas
susurrando en cada amanecer tu nombre...




De seda y piel







Niña de seda , hilo de luz que se dibuja en tu espalda. Niña de seda y azules, torrente de miel al calor de tu pecho; soñar y verme envuelto en ti, magia de colores, tu olor, sabor encerrado en tus manos de brisa satén; caricia del alma, dulce pasión, escondido temblor. Niña de seda, agua, fuego; terso tu mirar reflejado, tocar y descubrir, pensarte y renacer, verte niña y sentirte mujer. Mujer de seda y piel, cuello, pecho, manos y pies; descifrarme, florecer y al despertar escribirte; amanecer y prolongarme. Verso, rima, poesía, encuentros en tu rojo atardecer. Besos, caricias, susurros al aire; espalda de seda, principio y fin, sendero a seguir, subir, recorrerte y no pensar, descansar; iniciar y retomar, ascender, bajar, entrar, dormir y despertar. Caminar descalzo, tímida desnudez al acercarme y llegar, permanecer y tejer en seda tu piel; beso largo, lento, prolongado; beso que llene de flores mi garganta, mariposas en los pies, beso dulce, derroche de luz, beso limpio, de agua, fresco en mi pensar. Beso de seda y luz, de calma y sed, mi sed, tu sed; seda que me envuelve y me habla de ti...





Preso en tus labios







Labios de fresa y miel, dulce regalo de otoño, belleza en ti, fruta madura que se deshace en mi boca. Mi corazón vuela enredándose en tu aroma, dulce, fresco, salvaje; mi cuerpo sigue preso en tu silencio, cautivo, triste al no tenerte, prendido en el salado sabor de tu suave presencia.

Trémula sensación anudada a mí, arropado entre tus piernas, lejos, muy lejos, pero a mi lado. Manos fuertes, mirada cierta, artesana del amor sin límites, libre, sin barreras ni disculpas, noble y presente, aun ausente siempre presente; nómada viajero con rumbo hacia ti. Dejo mi huella, mis palabras te llegan, tu cuerpo es mi poesía, canto de vida y esperanza, amor y verbo; grito tu nombre y al hacerlo mi alma se achica en el dulce de tu palabra; escriben mis letras el sendero que me acerca a ti, mis ojos se nublan al ver como te alejas.

Bella y transparente, noble y generosa, valiente, sentimental y apasionada; cóctel de fruta fresca, princesa gitana, naturaleza viva y sugerente; ojos de gata, sensual y ardiente, entregada, sutil y serena, arrolladoramente intensa; excitante, fuerte y constante, diferente…




lunes, 7 de diciembre de 2015

Despertar sumiso






Primavera que se abre a la  vida, sueños en tintes dorados con el nacimiento de  cada día. Dulzura en su nombre y en su mirar, presencia constante, primeras certezas y dudas, amor que entregar descubriendo y lentamente descubrir y ver llegar, entusiasta renacer sumiso, sentidos que apenas amanecen  se desbordan en caudal irreverente.  Etapas primeras que recordar después, ciclos de los que aprender y mejorar. Tropezar, caer, levantarse y andar, volver a empezar, pasar y pasar dejando que la vida se haga presente en cada nueva sensación, experimentar, comprobar, aprender y mejorar.

Sentir, querer, darse y recibir. Tomar mi mano y dejarse llevar, recorrer cada vereda, detenerse en cada obstáculo, mirar y esperar, enseñanza  nueva con la que cada día aprender, crecer, hacerse mayor y madurar. Todo un mundo vivido que aún queda por llegar, todo por descubrir, larga ruta en la que equivocarse, errar, pararse a observar, acertar y seguir.

En su despertar a mí, asombrado me detengo en cada gesto, cada dulce brillo de sus ojos inocentes y llenos de luz. Niña de esencias, mujer nueva, sal de la tierra, fiel, leal y noble; dulce como dulce es el candor que sus años no esconden; entregada, intensa e inocente; alegre, feliz, azúcar y miel, compañera niña, amiga y mujer, sumisa en su más hermoso despertar.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Te escribo








Muchos, demasiados los días sin ti, muchos lo que, con la alborada de los primeros rayos, mis manos te buscan aun en la distancia, muchos en los que mis ojos te ven sin hallarte, en los que mi voz pronuncia tu nombre esperando mi grito llegue allá donde te encuentres. Largas las horas, eternos los minutos en los que desde entonces cientos, miles de veces he gritado tu nombre aun castigado en el más oscuro de los cautiverios. Pena que sufro, desgraciada agonía que daría felizmente por bien empleada con sólo posar mis manos sobre tu frente desnuda, escuchar tu voz nuevamente pronunciar mi nombre mientras te invado, volver a dibujar con mis labios la mágica línea que tu espalda me brinda, reinventando en mí sensaciones, deseo, excitación y fe.

Desde aquel  fascinante encuentro que se presenta a mí en todas y cada una de mis noches, es tu olor el que acompaña mis más tristes horas, tristes en tu falta, extrañas sin tu tacto, aciagas sin tus manos sobre mi piel, sin la música que en el más hermoso de mis deseos escribo lentamente cada noche sobre tu espalda. En cada una de esas noches, fieles en mi descanso, tus susurros aún en mi recuerdo, me hablan de todo el amor que devotamente me profesas como tu Dueño aun en la lejanía. Siento tu falta, te extraño; hondo y doloroso penar tras violentar tu alma, hacerla con tu cuerpo mía y penar ahora en la prisión que habito lejos de ti.

Tu estela









Tu estela me marca el camino de tus pasos, sigo tus huellas abandonándome al capricho de tus marcados pechos, deshago veredas y en tu sendero me pierdo al llegar entre tus piernas, invado tu espacio saboreando cada pliegue mientras hago cumbre en ti. Te pienso, te sigo, te deseo como aquel día primero en el que, recién domada y en mis marcas por siempre dibujada, renaciste entre mis brazos.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Sobre el lecho









Embozada, atada e inmovilizada por completo. Así me recibiste sobre el lecho. Te tomé entre urgencias, febrilmente, tal era el estado de excitación que tu aplicación sobre mi endurecido miembro había provocado. Lo hice violentamente, de forma tan brutal como aguardabas antes de que los amarres fueran mi regalo de sobremesa; con prisas y a empujones desordenados corriéndome tantas veces dentro como hiciera antes fuera en una salvaje mezcla de sangre, sudor y fluidos, derramándome dentro cálida y espesamente entre mis gritos y tus mudos gemidos de sumisión. Tras ello, ya liberada de embozos inútiles ordené te aplicaras con boca y labios sobre el jugoso e incandescente fruto de tu excitante entrega. Duro, tenso, con la aviesa avidez de quien disfruta de su posesión más preciada, forzando el cielo de tu garganta como antes hiciera en sexo y ano. Violento y salvaje, percherón entero desbocado ante su amada yegua en celo. Te abofeteé al mínimo freno entendiendo tú al punto el mensaje de tu Dueño esmerándote de nuevo en tu tarea. Tus lágrimas de antes se confundieron ahora con tu sonrisa satisfecha, intenso éxtasis en el brillo de tus ojos sobre los míos, el olor de tu entrepierna llenando la estancia, el mío desbordado en inabordable torrente, elixir de vida entre tus impacientes y húmedos labios.



En el silencio de la noche





                                                                                 Imagen: Gabriele Rigon



Cae la noche y entre silencios 
modela en sombras
cada verso escrito sobre tu cuerpo



Ausencia de Ti







En el amanecer, al despertar, noto tu ausencia. 
Me faltas al caer la tarde y cuando la noche se hace eterna sin Ti.





viernes, 4 de diciembre de 2015

Anudado a tu cintura






                                                                                 Imagen: Jeanloup Sieff



El día amanece gris, nublado y triste cuando es tu olor el que me falta; eternas las horas dejan pasar el tiempo en tu ausencia. Cierro los ojos y te veo, te siento, te puedo oler, dibujo tus ojos, tus manos, las caricias que un día soñé y repito cada noche  desde tu marcha, aquellas que dibujan los ecos de el anhelado nuestro primer encuentro, las que aún me faltan y las que ya viven para siempre a mi lado. Te busco al despertar y en cada una de mis noches, puedo escucharte pronunciar mi nombre, regalarme el calor de tus manos sobre mi pecho, el tuyo pegado al mío; la entrecortada respiración, nerviosa y cierta que tu cercanía provoca, la débil y candente al dormir mientras me miras, la rápida y urgente cuando a mí te entregas… Te pienso, Te siento, Me perteneces.


Anudado a tu cintura moriría cada noche, renaciendo a tu lado con la llegada del alba.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Alzo mi voz y te recibo



                                                                                   Imagen: Gabriele Rigon


Es tu imagen serena, clara, la silueta que adivinó envuelta en sombras, percibo tu luz, me llega, me inunda de contrastes, me puede; arrebata atrapándome en el preciso arcoiris de color constante, permanente, punto aquel en el que todo confluye; tu voz, tu olor, la cercanía que tu imagen blanca desprende; el tacto de tu piel, susurros a media voz entre mis sueños, los tuyos, los que en ti se alimentan y crecen, los que luego maduran y me llegan arrobándome en certezas. Alzo mi voz y te llamo, respondiendo tú al instante, te veo acercarte temblando entre luces, alargo los brazos, los extiendo a ti, te das y te alcanzo recogiendo tus dudas, temores, nubes que en tu seno tornan limpias y azules, viento en calma que habla de ti, perfil transparente, nítido, brisa fresca que  devuelve en su regreso matices de niña, mujer, compañera y sumisa entre pinceles. Brillo en tu luz y en ella amanezco, al albor, húmeda alborada donde las distancias mueren; sigo el hilo que a tu espalda conduce y en ella descubro la poesía que vive en ti, la que te acompaña y completa, la que me inspira y te protege. Llego a tu puerto y hago alto, descanso en el sutil aroma que en tu caminar me brindas, esparzo mis miedos, disipo tus dudas, al tiempo que  un dulce "te pertenezco" en tus labios me  envuelve.

Tu voz




                                                                                               
                                                                                    Imagen: Gabriele Rigon


Siendo ya tu voz parte viva en mí, escucho el murmullo del agua  llegando  a morir a tu orilla, descubro un nuevo matiz que añadir a tus gestos, caricias, susurros que dibujo al pronunciar  tu nombre. Arrullos del aire, brisa suave y clara, marcas del sol sobre tus hombros desnudos; certeza en el gesto, nobleza y dulzura en el amor que en flor ofreces, liviana sensación que duerme en tu espalda, hilo de luz, trémula voz cercana y clara cuando te siento mía.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Le pregunto al mar








Le pregunto al mar si todavía
andará mi nombre entre tus labios
si estoy entre los pliegues de tu piel
y de ese corazón tuyo...
si acaso sigo aún presente 
en el alma que me ofreciste un día

Pintándote






Adorné mi camino con el color  de tus besos, dibujé tus caricias en un mágico y excitante lienzo. Pinté cada susurro de  azules  intensos, de verde selva cada roce de tus manos, blanco brillante el olor que tu piel transmite, cálidos crema tus andares. En oro  brillante y cercano  tu pelo, soleados matices dando color a tu frente, nariz en dulce terciopelo, rosas vivos en tus labios, de lavanda  y plata tus mejillas.  Intensos, ardientes, en fuego  tus ojos, cuello y espalda pinté de rojos eléctricos, en mágico púrpura  la  corona de tus senos, a ellos de añil y violeta. Cuello y espalda dibujé en  nerviosos naranjas , de amarillo pálido cintura y ombligo, cálido y  brillante  allá donde todo se consume en   pasión y entrega. Tus piernas en amarmolados terrosos, diamantados y  tersos muslos y caderas, en grises la cadencia de tus nalgas,  de púrpura sereno los tobillos, pies y dedos en fascinantes dorados. De entregado rojo tu corazón, arcoiris de luz la entrega que sumisa ofreces, poderosos  verdes la esperanza de un regreso, azules  claros la certeza de un "soy tuya".

lunes, 30 de noviembre de 2015

Diciembre








Diciembre lleva tu nombre en mi pecho. Húmedo, agarrado a la garganta, convirtiendo grises en el forjado azul. Diciembre llega señalado en cada una de las esquirlas de tu nombre, entre fríos y nieve blanca, en el murmullo del agua sobre tu cuerpo, en el gris plomizo de la tarde, ocres anaranjados al caer la noche a tu lado. Diciembre eres tú al calor de un abrazo, la piel encarnada de tus besos, el aroma de tu despertar, la voz que lleva el salitre de una noche que entre sollozos y gemidos se funde al albur de la madrugada. Diciembre cae rendido en tus brazos huérfano de tus labios.

Sabe Diciembre a ti, huele a tierra y hierba recién cortada, al dulce aroma de jazmines en flor, Diciembre llega entre azules y blancas canciones que recuerdan el nombre de tus besos al despuntar el día. Palidece con tu ausencia, sin el jugo trasgresor de tus caricias, esas que entre mis piernas alimentan el alma del corto instante del brillo de tus ojos. Diciembre ama el tibio y rojo peso de la sangre de tu cuerpo... Diciembre busca, te busca, encuentra, se distrae dentro de ti.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Posesión









Sé lo mucho que representa llevarlo. Aceptar y utilizar el collar como símbolo de pertenencia al Amo, muestra de total disciplina, obediencia, deseo de complacer y felicidad por sentirse bajo su amparo y tutela. Deseo, excitación previa, el acto de entrega, gesto de agradecimiento, rostros felices y compromiso que el cuerpo firma una vez ajustado alrededor del cuello. Sumisión, entrega, disciplina y confianza, total confianza en el cuidado de tu Señor y Maestro. Una relación más allá de los límites, consentida, pactada y deseada por Amo y sumisa, al punto de necesitarse ambos en roles, derechos y obligaciones. Mucho más que física, disciplina y entrega emocional que convierten unión y presencia en indestructible lazo y eterno nudo. Trascender fronteras y tabúes, descender al más profundo de los abismos subiendo a continuación al cielo de la intensa y sumisa entrega

jueves, 26 de noviembre de 2015

Invadiéndote








Aquella habitación, los viejos muros de la eterna y sacra ciudad vieja cómplice de nuestra noche, tu entrega, tu cuerpo amarrado dándose sin más límite que el tiempo, la desesperada forma en que el mío se hizo tuyo; tus besos, las palabras que entonces me regalaste y aún ahora cada noche revivo; tus manos una vez liberadas arañando mi espalda, tus piernas apresándome, tu néctar empapando mi sexo, el mío invadiéndote, el sabor en tus labios al compartir mi esencia, la tuya que vuelve cada amanecer a los míos. Sumando tu cuerpo al mío, renaciendo en ti, reptando hasta tus labios, apresando tus manos y llevándolas a mi volcán oprimiéndolas contra mi carne ansiosa. Ardiendo mi lengua en las oscuras rosas de tu pecho, mis piernas estrangulando el último aliento de tu boca al beberme. Sobreexcitada, espoleada con deseo urgente en la avidez de tus caderas, penetrada, forzada, húmeda, caliente al extremo y deseosa de darte a tu único Señor.

martes, 24 de noviembre de 2015

En mi sueño.






Caliente y lentamente la cera descendió entre tu pecho, entre ellos primero dejando a fuego la marca de tu entrega, en sus coronas después endureciéndolas aún más de lo que ya estaban. Tu rostro reflejaba ya el placer de recibirla, entreabiertos los labios, la respiración acelerada, los ojos fijos en los de tu Amo. Presa y limitada, tu cuerpo se estremeció a medida que las calientes gotas descendían antes de mezclarse con el sudor del abdomen. Cada vez más excitada, tu sexo empezó a mojarse apenas las manos de tu Maestro comenzaron a tocarte.

Mi sueño me acercó tu olor, el brillo sedoso de tu pelo, tu voz cálida y dulce, la violencia de tus piernas al contraer tu cuerpo sobre el mío, tus manos, los golpes de mis caderas al tomarte, el sabor de tu sexo y el mío al regalármelo tus labios. Conservo tu imagen, tus gemidos, los míos que aún se repiten cuando es tu rostro el que regresa cada noche, mantengo vivo tu cuerpo en mi retina, tus ojos tristes iluminándose al detenerse en los míos, el sonido de tu voz con cada orden, las caricias de tu piel castigada por el látigo.




Tus ojos se posaron en los míos justo en el momento en el que comenzabas a correrte. Mi lengua había trabajado antes de tal forma tu ano que se notaba no aguantarías mucho mientras salivaba tu sexo. Tus ojos reclamaron mi consentimiento para dejarte llevar, te lo di al tiempo que completabas tu trabajo sobre mi miembro embrutecido, tus manos comenzaban a recoger mi leche y tu boca sólo aguardaba la orden de limpiarme.



lunes, 23 de noviembre de 2015

Tu abrazo









Abrázame, revive y víveme; abrázame, huéleme, espérame, róbame un beso de fuego y comúlgame, crece en mí. Abrázame, aprésame, esclavízate en mis caderas, hazte luz en mis manos, mírame, dulcifícame; abrázame y endúlzame, hazte sol al sentirme, bríllame. Abrázame, condúceme a ti y recondúceme, permíteme susurrar y susúrrame, entrégate, únete y hazme corazón por ti. Abrázame, apriétame; pecho, brazos, en tu corazón abrázame. Se alma y al serlo abrázame, rima en mis versos, imagíname, recuérdame y abrázame Quiéreme, lágrima, risa, labios, ojos, mira y aletéame; un beso, bésame... Abrázame

Me perteneces, abandónate y ven..

domingo, 22 de noviembre de 2015

Te Amo









Es tu olor el que me despierta cada mañana, tu olor el que me sigue en mis horas y el que me acompaña después al caer la tarde, tu voz la que recuerdo, tus manos las que me faltan... Es a tu lado donde aprendo cada día, en tu recuerdo donde me alimento, tu estela la que sigo y más aún aquella que pienso cada minuto, cada hora, cada noche que distante y lejana no te tengo. Es tu cuerpo el que deseo, tu alma la que quiero, tus labios los que extraño, tu blanca pureza la que me devuelve ánimo y fe por tenerte. Es tu memoria, la de tus tiempos y tus horas, la que regresa y al amarte me llama, me excita, revoluciona sexo y principios invitándome a tu lado a seguir y aprender cada día a amarte como Te Amo.









como é que eu hei-de apagar esta paixao...

Mientras te sueño...







Tu cuerpo, océano de tormentas calladas, fragmento perdido de mi alma errante.
En tu pecho duerme el beso de mis labios dormidos mientras te sueño, te bebo, te recorro...

Esperándote... 

sábado, 21 de noviembre de 2015

jueves, 19 de noviembre de 2015

Entre tu pecho...




                             (Imagen: Jean-François Jonvelle)



Toco tu cuerpo entero y me pierdo entre tu pecho dormido,
busco afanosamente tu nombre entre las sombras
aquel que reinventé para encontrarte...




miércoles, 18 de noviembre de 2015

Mi Sueño...




Un hombre tuvo un sueño. No lo buscó, o tal vez sí, pero cada noche desde entonces era su imagen la que nítida compartía su tiempo, su voz la que le hacía el amor, su pelo recogido el que acariciaba, nívea y blanca perfilada en claros de luna la frontera de su espalda la que entregada y exhausta dormitaba a su lado, la escasa tela que cubría el más dulce de sus secretos la que le acompañaba invitándole a amarla de nuevo.

Un hombre tuvo un sueño y, desde entonces, dejó atrás sus límites, aprendió a amar descubriéndose de nuevo, reinventando al llegar la noche la eternidad de un abrazo olvidado; quiso dibujar en su corazón desde aquella, desde aquel primer sueño, a finos trazos cada palabra, cada gesto, la intensidad de un mirar cercano, dulce, inmortal y eterno, y su voz le llamaba, en él se reflejaba.

Fuego, agua y tierra repoblaron lo antes yermo y estéril, cada día, cada minuto, cada segundo que desde entonces pasó a su lado... y quiso renacer en aquel sueño, entre amor, jazmín y olor a sexo...

Un hombre tuvo un sueño... y ese sueño llevaba Tu nombre.

martes, 17 de noviembre de 2015

Mía...





Oleadas de placer guiando las entradas y salidas de tus dedos cada vez más rápidos, un grito desencajado y la explosión liberadora te recorre, mil descargas eléctricas rondando tu cuerpo al llegar, de lo más profundo de ti un prolongado grito, dolor y placer arrancado en mi ausencia.
Disfruto del cosquilleo que imagino al ver el pincel de tus dedos en tu piel. Como en sensual e iniciática danza trazas líneas entre tus piernas, el frío de la pintura baja desde las rodillas al interior de tus muslos. Recuerdo tu sonrisa al tiempo que recoges tu humedad con los dedos para esparcirla desde los muslos hasta las caderas, recorriendo lentamente tu sexo. Tus manos recorren las nalgas apretándolas levemente, en círculos, dibujando el camino de la lujuria y el deleite hasta tu hermoso monte, camino del solitario deseo.
Palpitas por mi, rodeas con las manos tus senos, enmarcándolos, tiñendo de negro los sonrosados pezones. Mil sensaciones recorren tu pecho, con cada caricia piden más, y la impúdica danza de tus dedos es cada segundo más salvaje.
Tendida en el suelo, juntas y separas las piernas, gozando, acariciando tu cuello y hombros, abrazándome y recordando mi olor. Pintas tu rostro en el mío, tu pequeño rosal erecto, insoportablemente sensible sintiéndose solo reclama atención palpitando salvajemente. Tus dedos llegan rodeándolo con ternura, lo frotan suavemente en candente ritmo como bailando al son de tambores, tus caderas se unen a su danza, restriegas con fuerza el sexo hacia tu mano, las nalgas chocan contra el suelo, y de tu boca van saliendo suaves gemidos cuando la otra acaricia pechos y vientre resbalando por la piel mojada con tu esencia.
Necesitas más, mucho más, aumentar el ritmo, dejarte llevar por la danza, frotas las paredes de tu vagina, penetrándote en el momento en que el éxtasis recorre tu espina dorsal. Te mueves en total abandono, gemidos en tu interior hacen retorcerse tu cuerpo entre espasmos, un grito desencajado en liberadora explosión, dolor y placer arrancado de ti... desnuda, húmeda y satisfecha.

Tiempo de espera...











Saudade...







lunes, 16 de noviembre de 2015

Pensándote...








Te imaginé a mi lado, recordé tus besos, tus caricias, tu voz entregada y cercana, mi cuerpo vivió cada momento, cada instante, cada tiempo en que saberte mía, mi sexo se hizo tuyo. Imaginé tus manos en él, tus labios, tu lengua que suavemente me devolvió placeres olvidados. Cerré los ojos y mientras mis manos comenzaban a recorrerme, eran las tuyas las que me tocaban, tu pecho el que besaban mis labios, tu sexo el que se humedecía conmigo.

Al ritmo de mis dedos sentí tus primeros gemidos, mis labios abriéndote poco a poco al tiempo que mi lengua recogía todo lo que tu cuerpo generaba. Mi excitación era entonces ya tan grande que lentamente comenzé a pensar que eras tú la que con su movimiento me hacía estremecer, mis manos se movían alrededor de mi sexo y en mi mente era el tuyo el que me recibía, dentro de ti, invadiéndote, entrando y saliendo de tu cuerpo, al mismo ritmo, lenta y acompasadamente. Tu voz entrecortada me susurraba, me llamaba, me invitaba incitándome; mi respiración se aceleró, escuché tus gemidos de placer, se sumaron mis miradas a las tuyas y tus ojos se clavaron en los míos, tu espalda se arqueó mientras un escalofrío visceral la recorría; ya mis manos subían y bajaban casi sin control abrazando mi sexo mientras imaginaba tu boca, tus piernas rodeándome, tus caderas, tu ombligo humedo y salvaje retándome.


Te vi sobre mis muslos, cabalgándome, sentí cada uno de tus espasmos mientras me notaba cada vez más dentro de ti, húmedo y caliente, agarraste entonces mi cintura temblorosa subiendo luego a ofrecer a mis labios tu dulce néctar; sentada sobre mi te bebí mientras nuestros cuerpos temblaban entregados al momento, al húmedo momento de tenerse. Casi sin darme cuenta descendiste hacia el arco de mis muslos tomándome de nuevo, resultándome ya muy difícil contener lo que deseaba ofrecerte, imaginé tu boca recibiéndome en el momento en que mi sexo explotaba entre mis manos, intenté sin éxito prolongar el instante en que abierta a mí tu lengua limpió dulcemente todo lo que, después, ofreciste a mis labios brindándome la salada comunión de mi húmedo torrente, brindis compartido el que tu boca, dulce, húmeda y caliente me regaló mientras abrazado a tu espalda renací entre pasos de ternura.


Tu espalda, sobre la que en mis sueños se dibuja la fina línea que marca el camino al más bello e intenso de los regalos, se recostó entonces sobre mi pecho dando cobijo entre tus nalgas a mi sexo, exhausto y deseoso de tomarte de nuevo. Dormías.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Frío sin ti...




Sueño perseguido y distante, emociones grabadas a fuego y piel, día a día, pasado, futuro, nuestro caminar lento en la distancia. El ausente abrazo que falta y duele, la emoción del encuentro, las noches a tu lado y las mañanas sin ti. La absurda distancia que nos une y separa al tiempo, el tiempo lejos y el que permanece en cada lento paso en soledad. El calor de tu cuerpo cuando cada noche tu abrazo me devuelva fe y esperanza, lo que tus manos me dirán mientras jueguen con las mías; tu mirada, el brillo intenso en tu rostro mientras el sueño llega, tu entrega a mí al resguardo de sábanas ajenas... 










Hace frío, mucho frío sin ti.





martes, 10 de noviembre de 2015

Entre tus labios...



¿Imagináis como es el tiempo que transcurre lejos del ser amado? 
¿En el que no se puede oír su voz, en el que no se puede gozar de su mirada?
 ¿No es pedir a un hombre que exista separado de su alma?

(Sade)








Descendí hacia tu fuente, mis labios se detuvieron en el preciso valle que tus pechos limitan, lentamente y entre silencios sentí erizarse las cumbres que tu cuerpo me ofrece, las hice mías, dulcemente recorrí cada campo, cada selva, cada brisa que tus pechos me regalaban; seguí camino hasta llegar a la mágica frontera de tu ombligo, me detuve de nuevo, cerré los ojos mientras mis manos inventaban entre tus piernas miles de maneras de decirte te amo.


Mi lengua, luego, lentamente se abrió paso entre tus labios mientras sentía renacer en ti la miel cercana y dulce de tu sexo. Te diste, recibiendo yo en cada agitado espasmo de tus caderas el mágico aliento que de tu manantial brotaba; fuiste mía, bebí hasta la última gota del dulce néctar mientras un suave olor a jazmín me desbordaba, mi boca se llenó de ti al tiempo que la tuya me reclamaba entre jadeos. Ascendí hacia ti, compartiendo en tus labios todo lo que me hacía sentir el más dichoso de los amantes; tus manos dibujaron surcos de sangre en mi espalda, aferrándose a mí, invitándome a quedarme para siempre, a no permitir que el tiempo acabara separándonos de nuevo. Hiciste presa en mis caderas cuando, abierta en flor, tus manos me indicaron nuevamente el camino, sumándose a mi, moviéndote acompasadamente al ritmo que mi cuerpo, tembloroso, crecía dentro de ti.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Lo sé...










Mis sueños, mi vida, todos y cada uno de los momentos, minutos y horas pensados a tu lado. Cada instante, cada gesto, cada pensamiento al llegar el día y cuando la noche llena de oscuros mi tiempo lejos de ti. Tus palabras, tus letras, la voz que me acaricia en el caer de la tarde, el dolor que percibo y el que ya no sé dejar de sentir. Tu apoyo, tus risas, el regalo de amor que al despertar ocupa cada pensamiento, mi ausencia, la forzada palabra que sin pensar nos hiere, mi egoísmo, la sinrazón de mis noches sin ti, la soledad, el vacío de un camino que nos separa y el seguir la senda. Tus manos, la luz que me llena cuando sonríes, la que me falta cuando sufres, la que siento alejarse más cada día en el que no estás, el calor que no tengo, tu caminar, las huellas que no puedo seguir, tus pasos, los míos, los que ambos sabemos nos unirán de nuevo... Tu voz, los silencios, matices y perfil que mi corazón dibuja al escucharte, la felicidad que añoro, la que no puedo darte y la que sé sin mí mereces, tu lucha, el deseo...

















domingo, 8 de noviembre de 2015

La noche de ayer...







Abrazado a ti me detuve aquella noche en tus ojos, en su luz, en el brillo cómplice y cercano de tu mirar en paz; sereno recorrí la senda que tiempo y vida tantas veces han negado para renacer en tu camino, aquel que cada noche tu voz marca y señala.

Tus manos me guiaron, tu voz me reclamó, tus dedos, puentes de paz en los míos, dibujaron mi nombre como hicieran entonces y ahora de nuevo. Tu cuerpo, aun debilitado, se hizo fuego entre mis brazos, agua tus caricias, dulce néctar de amor tus besos. Ellos, estrellas de brillante luz mi refugio, descanso, tregua y único aliento; ascuas de fe en el templo de tu delicada tez, blanca, pura, nívea como limpio el camino que tu nombre trazó entre mis piernas.

Una noche, un instante, apenas un momento que soñé con retener deteniendo el tiempo, cielo y tierra conjurados me devolvieron cada imagen de aquella vez primera cuando superando mis miedos tu cuerpo se abrió a mí, frágil, dulce, sereno para descubrirte en fuego y luz perfilada en el más bello de los lienzos; tu espalda, tu pecho, tus manos, tu voz, tu latido. La vez primera, las que siguieron, cada una en la que no estás y ésta tras la que tu olor aún permanece. Lecciones de amor con las que aprender cada día.


Virgen de cariño hasta tu llegada, indolente y necio, me recogiste en despojos envuelto y aún ahora, sin merecerte, es tu calor al abrigo del que duermo cada noche. Es tu voz la que despide el día, tu imagen la que despierta a mi lado, tu beso el que celebra la llegada del alba. Son tus versos, amor, los que me recuerdan al caer la tarde que hay un cielo más allá, que el sol sale cuando acortas mis espacios y me lleno de ti, tus brazos los que me rodean cuando tu ausencia me duele. Es tu voz, tu fuerza, tu fe, tus ojos, su luz, el brillo cómplice de tu mirar en paz...

Te busco...











Dolor en tu mirada, tristeza en el gesto, voz ausente. Descubro tus miedos, los dibujo en mí y al hacerlo advierto tu tristeza, te sé lejana, siento como propio cada paso que das en mi estéril presencia; extiendo los brazos y no te alcanzo, me cuesta llegar, te extraño, tu abrazo me falta, tu entrega, me faltan tus besos, tu mirar suave, tu olor, tu cuerpo me falta, Ábrete a mí, inicia el camino y al hacerlo siente mis manos en tu espalda, mi caminar a tu lado, mis huellas sobre las tuyas, juntos desandemos montes y veredas, dejemos a un lado obstáculos sin más límite que tenernos...



sábado, 7 de noviembre de 2015

Ser y estar...





En campos de sueño, allá donde habito, donde ilusión y esperanza encuentran terreno abonado, en campos en los que sentir y sentirte, campos de fe y alegría, campos en los que comulgar de la infinita felicidad de recibir tu abrazo, campos donde escucharte, tocarte, acariciar cada minuto en los que saberte mía. Campos de tierra verde y plena, intensos y aun breves momentos en los que hacerme uno en ti y soñar, pensar en un camino recto, limpio, libre de trabas. Dejar pasar el tiempo con la esperanza abierta a tu encuentro, sentarse sobre la hierba y a tu lado contar las horas, sin prisa estirar cada minuto hasta convertir el tiempo a tu lado en inmutables piezas de etapas por llegar.

Ser y estar dentro de ti, como el campo crecer en cada estación, alimentarse de cada instante en los que saberte mía y creer, pensar y esperar tu llegada, tu aliento, tu voz al madurar contigo cada nuevo día.

Campos de tierra y sol para, juntos, compartir un sueño imposible, leer y creer que pronto llegará mañana, un nuevo mañana... a tu lado.

Tu encuentro










A un lado de aquel sendero, empedrado y hostil, halló el viejo peregrino una flor pequeña y frágil, blanca, radiante. Su olor y belleza envolvió a aquel loco de tal manera que supo ya desde entonces nunca le abandonaría. Sin apenas cuidado, pues nunca supo ni sabe el zafio embarbado de atenciones y delicadas maneras, puso el caminante aquel bello regalo entre blusón y pecho, espacio en el que con el tiempo aquella pequeña flor, blanca, frágil y radiante, pasó a forma parte de su caminar en vida y aun más, convirtiéndose en el más bello de sus sueños.

Su olor le despertaba cada mañana, acompañándole después al caer la tarde. A su lado aprendió a querer, respetar, comprender y amar y lo hizo con tanta intensidad que, hoy, cuando el camino aún es para ambos senda en pesadas huellas marcada, su blanca pureza, su voz, aquel olor primero y el que en su pensar regresa cada día, le invita a seguir, aprender, levantarse y andar...

Me faltas...






De ti, de mí, del doloroso sueño perseguido y distante.
De emociones grabadas a fuego y piel, del día a día y el pasado, del futuro, del caminar lento en la distancia.
Del ausente abrazo que falta y duele, de la emoción de un encuentro, de las noches a tu lado y las mañanas sin ti.
De la absurda distancia que nos une y separa al tiempo, del tiempo lejos y del que permanece en cada lento paso en soledad.
Sin Ti.